Iniciativa

In memoriam

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Por Andrés Granados Dávila.

El Licenciado y Notario Público Raúl Ortíz García ha dejado una huella muy importante en Salamanca. Su ejemplo de vida es un legado que debemos valorar profundamente los salmantinos, destacando en ello principalmente su fuerte compromiso con las mejores causas de la ciudad y su marcada vocación altruista.

Documentar su trayectoria completa implica una laboriosa tarea, porque su influencia y su obra abarca múltiples campos en los cuales fincó un perfil sobresaliente, como lo fue su desempeño profesional en lo jurídico, su intensa e incansable actividad empresarial, su colaboración constante con fines sociales y su relevante actuación en el deporte, por citar algunas facetas de su fructífera vida que alcanzó los 86 años de edad a plenitud.

Vale subrayar que él nunca se infundió vanidad por las eminentes cualidades que lo distinguieron, pues todo lo contrario, se conducía normalmente con modestia, rehuía el reconocimiento público, ponía discreción en sus buenas acciones e incluso la gran mayoría de ellas quedaron en el anonimato.

La hotelería, los viajes, la navegación y el turismo fueron sus intereses de vida más apasionados. Le gustaba viajar para coleccionar experiencias, nutrirse de aires positivos y admirar tendencias en estilos de vida para alimentar su espíritu innovador. Gozaba del arte y de la belleza en todas sus manifestaciones, tanto en una obra literaria o en una pieza musical clásica, como en la imponente sencillez de un atardecer al natural.

Fue un hombre que profesó con encendido ímpetu la mejora continua, persiguiendo altos patrones de calidad y de excelencia en todo lo que hacía personalmente y también en todo lo que emprendía en el área de los negocios. Su vida estuvo enfocada en el uso productivo del tiempo y en la medición de resultados para lograr sus metas.

El Hotel Suites Aliana fue la más preciada inspiración de su vida. El edificio es en sí mismo una insignia que refleja la personalidad, la actitud y la filosofía empresarial de su propietario, quien de la mano su esposa, la Señora Licha, siempre estuvo atento a cuidar con esmero hasta el más mínimo detalle para complacer a sus huéspedes con un servicio de máxima excelencia, acentuado con calidez humana.

Más que su despacho de la Notaría 16 de Vasco de Quiroga, el hotel Aliana fue su centro de operaciones para desplegar su heterogénea actividad en todos los demás campos de interés empresarial, social y humano.  Además de ocuparse en su diario trabajo, con frecuencia en su oficina atendía todo tipo de peticiones personales y solicitudes por oficio de apoyos de diversa índole para instituciones, escuelas, asociaciones gremiales, equipos deportivos, grupos estudiantiles, etc; y una gran diversidad de pedidos de patrocinios para toda clase de eventos comerciales y sin fines de lucro.

En la iniciativa privada el Lic. Raúl Ortiz fue un pilar que sentó las bases de una nueva cultura empresarial contemporánea, proactiva a favor del desarrollo de Salamanca. Por su liderazgo innato, el sector empresarial organizado de Salamanca logró sobresalientes avances como interlocutor de las autoridades y como protagonista de los cambios que impulsaron el crecimiento comercial e industrial de la ciudad en los últimos 40 años.

Fue socio fundador y miembro activo u honorario de numerosas agrupaciones gremiales y profesionales como la Barra de Abogados, la Asociación de Empresarios y Ejecutivos, la Asociación de Hoteles, el Patronato de la Feria, el Museo Interactivo Espiral, el Patronato Salamanca 400, la asociación Desarrollo Turístico Salmantino, el Patronato de la Universidad de Guanajuato, el Patronato de la Preparatoria Salamanca, el Patronato de la Cruz Roja, el Patronato de Bomberos, el Club Náutico, el Club Campestre, etc. También apoyó con su servicio profesional la formación de asociaciones y colegios de profesionistas en todas las disciplinas del conocimiento en la localidad.

Precursor de la motonáutica en Salamanca, llegó a ser campeón nacional de pilotos en las competencias internacionales del Río Balsas. Era un experto altamente calificado en la navegación de ríos, presas y en mar abierto. Con sus cercanos amigos, por lo menos tres veces al año le encantaba organizar viajes a diversos puntos de la república para navegar en los tres elementos mencionados, porque el agua fue una parte inseparable de sus sueños y sus anhelos.

Fue un entusiasta mecenas de la cultura que patrocinó eventos, exposiciones, obras y artistas exponentes del arte y la cultura salmantina, en todas sus modalidades de expresión.  En materia de patrimonio cultural e histórico donó a la ciudad la Fuente de los 400 Años de fundación, ubicada en la entrada del fraccionamiento las Reynas.

Era un lector insaciable que se devoraba un libro de 700 a 900 páginas en una semana, o en su caso leía 2 volúmenes de menos de 500. Los de 100 páginas los terminaba tranquilamente en una sentada. Padecía insomnio creativo y llegó incluso a llamarme por teléfono a las dos o tres de la mañana para comentarme alguna idea que necesitaba afianzar para el día siguiente.

Lic. Ortiz: Nunca creí que esto llegara a pasar. Días antes de su definitiva partida platicamos sin saber que era la última vez, porque se veía usted tan lleno de vida y de entusiasmo como siempre lo sentí, con muchas ganas de consumar proyectos y trabajar juntos en lo que ahora se nos ha quedado suspendido a perpetuidad.

Nuestra entrañable amistad duró más de 25 años y solo hoy su inesperada muerte nos desliga para siempre en lo terrenal, pero tenemos una cita que se cumplirá tarde o temprano porque nada es seguro, porque hace tan solo unos días lo vi tan alegre y apasionado de sus planes y propósitos que me cuesta mucho creer su deceso.

En las redes sociales se dijo que no era cierto su fallecimiento, pero es que muere el hombre y nace la leyenda, como sucede con otros personajes como Usted que no caben en la muerte, porque la trascienden por sus buenas obras.

Tuvimos innumerables charlas de café donde nos gustaba examinar las noticias, comentar la política, citar autores y libros, hablar de la filosofía de la vida o recordar la historia. Y un sin fin de situaciones donde fuimos compatibles en el espíritu de superación, en la excelencia del buen vivir y en la voluntad de trascender más allá de lo convencional de la existencia.

Su recuerdo para mi queda como un inmenso tesoro, porque su humanismo, su sabiduría, su amor por el trabajo, su sensibilidad con las necesidades del prójimo y sus convicciones me marcaron para siempre, como un ejemplo de los que hay que seguir para saber apreciar la existencia, cosechar satisfacciones y sobre todo poder cultivar profundas amistades con sinceridad como la nuestra.

Licenciado Ortiz, me conmueve recordar muchas anécdotas. Parece que escucho su voz, veo su sonrisa y lo intuyo satisfecho con su misión cumplida, estampando su firma en la última hoja del libro de la vida, para certificar y dar fe de su fructífero paso por este mundo.


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